Planear el turismo mundial en 1976

28-IV-76 DIARIO DE MÉXICO

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Carne y piedra. Richard Sennett

Reseña:

Carne y Piedra, Richard Sennett, Alianza editorial, Madrid, 1997, págs., 454.

Richard Sennett, es un sociólogo e historiador norteamericano vinculado a la llamada escuela filosófica del pragmatismo, y a las Universidades de Chicago y Harvard donde obtuvo su doctorado. Entre sus obras se encuentran: La corrosión del carácter: las consecuencias personales del trabajo en el nuevo capitalismo, 2006; La cultura del nuevo capitalismo, 2007; y El artesano, 2009. El libro que se reseña tuvo su primera versión en el año 1992; en la traducción al español, y en su introducción el autor nos indica que “Carne y Piedra es una historia de la ciudad contada a través de la experiencia corporal de las personas” siendo el sentido que el autor involucra en cada una de sus reflexiones. El libro se encuentra estructurado en tres partes con un número de diez capítulos, finalizando con la conclusión; además de otros apartes como son las notas, la bibliografía, el índice analítico, y una serie de imágenes que conforman el conjunto del texto. Con respecto al título Carne y Piedra, encontramos una relación directa al trasegar del hombre en el espacio geográfico y sus vinculaciones con el entorno, el cuerpo inmerso en los avances y fracasos de la humanidad, y sobre todo su poder para construir ciudades y adaptarlas a su vida cotidiana en relación al amor, el odio, la convivencia grupal e individual, la familia, la política, la alimentación, el aseo etc., desde la Atenas de Pericles, hasta la New York del Siglo XX.
La erudición de Sennett hace posible identificar su apego a las disciplinas de las Ciencias Sociales, para dilucidar su pesquisa a través de la evolución del hombre en diversas épocas y lugares. La exposición que realiza el autor, esta dirigida de una forma transversal, mostrándonos como la sociedad en lo que especifica como inmediato en la historia, se va constituyendo como eje de importancia para transformar algunos espacios y sus relaciones, en uniones o rupturas transgresoras frente a las características sociales anteriores. En ese orden de ideas, diversas acciones de lo seres humanos entran en ese espectro de unión o ruptura: movimientos políticos y sociales, guerras, descubrimientos, avances de la ciencia, entre otras, las cuales nutren los espacios de representación humana caracterizados por la ciudad enmarcada en diversas disposiciones y cambios.
La primera parte titulada Los poderes de la voz y la vista, recrea los momentos trascendentales en que Grecia, y su ciudad Atenas, entrega una organización de la ciudad determinada por la importancia de la palabra, la discusión, y el argumento, además por la necesidad de embellecer y exhibir el cuerpo masculino en medio del arte, la política y la sociedad en general, es decir, el cuerpo como veneración y exaltación de la humanidad. Para el caso de Roma, Sennet nos presenta la exaltación de las imágenes y lo visual en el entorno social, político y cultural de una ciudad encumbrada como centro de poder e imperio dominante, en este caso la Roma del emperador Adriano, explicando como la obsesión por las formas geométricas con respecto a la disposición simétrica de la anatomía humana, dio como resultado una planificación de la ciudad imperial.
Igualmente, hay una identificación sobre las formas en que los romanos del periodo estudiado, asumen un imaginario en dirección a lo gráfico, por ejemplo, en los experimentos llevados a cabo en la planificación de las diversas ciudades dominadas, repitiendo el prototipo romano buscando mantener su esquema mental en las regiones subyugadas, es decir, llevando el imperio a los conquistados con todo su alter ego. Por otro lado, la geometría del espacio de la ciudad romana transmitía disciplina al ordenar los movimientos corporales y al comunicar la exigencia de la mirada, la subordinación y la credibilidad. Finalmente, dedica Sennett su último capítulo de la primera parte, al desafío de estos valores -los romanos- por parte de las comunidades cristianas, cuyo incremento fue progresivo, estableciendo transformaciones con respecto a la vivencia del tiempo y del espacio debido a su concepción peregrina de la vida terrenal, buscando a un solo Dios, y a la necesidad de separarse de la vida mundana a través de la mortificación del cuerpo, entre otras cosas, para ganar la “gracia divina” y obtener la vida eterna, toda una caracterización relevante que posibilita al lector sumergirse en esos orígenes del cristianismo y sus imbricadas relaciones con un imperio decadente en medio de una tradición que involucraba muchas acciones de la cotidianidad, siempre expresadas en medio de un sistema urbano impuesto bajo la privacidad y lo público en medio de las ciudades.
La segunda parte titulada impulso del corazón, expone los diversos movimientos y cambios asumidos por las sociedades en la Edad Media con el avance del cristianismo y el auge de las economías generadas por los artesanos y por el comercio, actividades para ese entonces más dignificadas, ya que en la antigüedad, principalmente en Grecia y Roma, eran consideradas inferiores. Caracterizando al ciudadano medieval al encúmbralo como un ser económico, mientras que el “antiguo”, su antecesor, era hombre político. Se privilegia en este análisis de Sennett el movimiento ligado a la relevante actividad y a la expansión de la violencia cotidiana en las ciudades y de las guerras que afectaban, ante todo, a los pobladores campesinos, un mundo de cambios que se reubicaba en ciudades recién construidas. Los fenómenos expuestos están ligados con el movimiento en el cuerpo humano, prototipo que toma auge en esa época a raíz de las publicaciones realizadas por Galeno y por De Mondeville, las cuales indican, de una u otra manera, la distribución y movilidad de los calores y los fluidos. Las sociedades concretas objeto de estudio en esta parte del texto son durante la Alta Edad Media y el inicio del Renacimiento, y Viena, en este último período.
La impresión que deja las dos primeras partes de Carne y Piedra, es la de una recopilación minuciosa de las actividades de la humanidad a través de sus vínculos con la ciudad como espacio de sus encuentros culturales, comerciales, económicos, familiares, políticos, y de ocio. Toda una caracterización que posibilita entender los orígenes del sentido organizativo del hombre con el entorno y las necesidades que allí surgen en dos rasgos distintivos que se atraviesan en cada uno de los apuntes del autor: el cuerpo y la ciudad. Desde el presente, podemos asumir una postura que nos ayuda a entender como nos ubicamos en nuestro entorno y bajo que dispositivos nos movemos, en acciones que involucran nuestro cuerpo y un espacio urbano como la ciudad; en la cotidiana relación con los demás y en el intrincado camino de los cruces cotidianos expresados en el apartamento que habitamos, la calle que caminamos, el trabajo que realizamos, los alimentos que comemos, entre muchas otras actividades diarias; es decir, el cuerpo en función del encuentro con otros cuerpos, teniendo como escenario la urbe, en pocas palabras, la carne y la piedra en comunión directa. En conclusión, una agradable lectura de encuentro con el pasado corporal en el marco de la humanidad con sus civilizaciones más importantes, un recorrido único que nos transporta en flash back, al mundo vivido bajo los acomodamientos de un cuerpo estudiado y amado, en orden a la transformación sistemática de un espacio público representado en nuestro espacio habitacional socialmente construido.
La tercera parte titulada arterias y venas, es una analogía del descubrimiento de William Harvey con respecto a la circulación de la sangre, y a los avances arquitectónicos de las ciudades en aspectos mercantiles y sociales, usando ese avance médico en consonancia con la vitalidad del espacio habitado, de ahí que al día de hoy en nuestras ciudades, todavía utilicemos el termino arteria, para referirnos a un espacio de circulación libre y sin taponamientos, por ejemplo es particular que escuchemos “las principales arterias de la ciudad se encuentren bloqueadas” por razones diversas concernientes a los taponamientos vehiculares. Pero también esa concepción de la nueva ciudad se vinculaba con el nacimiento del capitalismo moderno en la obra de Adam Smith La Riqueza de las Naciones, quien según Sennett fue el primero que capto la dirección en la que llevarían los descubrimientos de Harvey porque supuso que el mercado libre de trabajo y de bienes operaba de una manera muy semejante a al circulación de la sangre por el cuerpo y con unas consecuencias revitalizadoras muy similares (p.274).
Interesante igualmente la reflexión dirigida a una ciudad que respira, donde los “hábitos sucios” de un sector de la población, en este caso el campesinado, era una constante, la reflexión se dirige a la nueva ciencia del cuerpo que le daba importancia a la piel y su limpieza, ya que por sus poros la sangre circulaba como síntoma de sanidad. En las prácticas corporales relacionadas en el texto -orines y heces-, se representaba el cuerpo y su cuidado par el bienestar, donde un individuo como el campesino representaba un mal ejemplo, y el médico, ubicado en la ciudad, el escogido para enseñar las buenas prácticas, las cuales fueron surgiendo en aspectos tan sencillos como la aparición del papel desechable para limpiarse el ano después de excretar. Como afirma Sennett, “los campesinos y los médicos eran literalmente incapaces de comunicarse en un mundo común de representaciones del cuerpo y sus peripecias” (p. 281). Las necesidades de un cuerpo saludable, vinculado al entorno de una ciudad cambiante, trajo consigo cambios en las formas de vestir en el Siglo XVIII: más baño, menos suciedad, piel limpia, en una ciudad que respira. Una de las conclusiones a las que llega el autor, a propósito de esa relación entre cuerpo sano y ciudad limpia, es que los planificadores ilustrados deseaban que la ciudad, ya en su diseño, funcionara como un cuerpo sano, fluyendo libremente y disfrutando de una piel limpia (p.282), inspirados por la mecánica sanguínea “pensaban que si el movimiento se bloqueaba en algún punto de la ciudad, el cuerpo colectivo sufría una crisis circulatoria como la que experimenta el cuerpo individual durante un ataque en el que se obtura un arteria (p.283), ahí la clave de la metáfora.
Es una constante en el texto que Sennett proponga una serie de ejemplos a propósito de los cambios urbanísticos, por ejemplo Washington y los planes de Thomas Jefferson, George Washington y Pierre Charles L´Enfant, este último, ingeniero unido a la causa Revolucionaria que independizará esta colonia de la Corona Británica, y propusiera para esta ciudad un plano de líneas de puntos, diferente al de cuadricula romana propuesta inicialmente; creando lo que llamó un gran pulmón en semejanza al estilo parisino de la plaza de Luís XV. Con respecto al estilo de las ciudades en su organización urbana, explicado bajo el texto clásico de Adam Smith La Riqueza de las Naciones y el ejemplo de la fabrica de alfileres; y por otro lado Goethe y su libro Viaje por Italia, en perspectiva de las ciudades que debían operar por principios circulatorios con arterias y pulmones y un centro, nos lleva a la conclusión que las bases intelectuales fueron importantes para vincular ideas y transformar espacios a través de la experiencia, en este caso desde dos reflexiones diferentes, una enmarcada en la economía, la otra con un estilo literario dirigida a un público especial, netamente letrado, y en últimas vinculado a las transformaciones sociales, políticas, económicas, culturales y urbanísticas.
Sennet dedica una parte de su investigación a analizar los influjos de la Revolución Francesa, dándole al lector una serie de claves simbólicas que marcaron el devenir de esta insurrección: las protestas femeninas por los altos costos del pan; las ofensas pornográficas contra la Reyna María Antonieta; los motines de la población; el uso de una mujer aventajada en sus atributos –los pechos- llamada Marianne –símbolo de los revolucionarios-; las caracterizaciones de los tres principios de la revolución Igualdad, Libertad, Fraternidad; las transformaciones de Paris en medio de la Revolución; la aparición de un “espacio muerto” donde la Guillotina participa recreando todas las particularidades surgidas en el acto de la decapitación, vinculada por Sennett a una especie de carnaval donde participaba el condenado y la población que asistía a este acto, hasta el caso más sonado cuando el Rey Luís XVI entregó su último suspiro; para finalizar con una reflexión enmarcada en el arte y su relación con los cuerpos del festival, que en este caso sería todo la actividad suscitada en la Revolución Francesa.
El último capitulo de Carne y Piedra nos ubica en un contexto moderno con avances en las formas de tener una mejor calidad de vida en diversos aspectos. Con un titulo muy sugestivo, nos presenta a una ciudad como Londres en el siglo XIX –la nueva Roma-, con una apuesta en la ciudad que también fue realizada en Paris, el caso de los parques como pulmones que titula el autor “arterias y venas modernas”, anunciándonos: “la analogía del parque con un pulmón era, como observa el urbanista contemporáneo Bruno Fortier, sencilla y directa: la gente que circulaba por las calles-arterias de la ciudad podía pasar alrededor de estos parques cerrados, respirando su aire fresco igual que la sangre se renueva en los pulmones” (p. 346). Igualmente, nos presenta las perspectivas del barón Haussmann en París del emperador Napoleón III, lo que convirtió la capital francesa en un espacio más adecuado a los diversos cambios suscitados en aspectos que iban desde el mobiliario, hasta los medios de comunicación, donde el desplazamiento y otras acciones de la vida cotidiana estaban inmersos. Finalmente, su análisis está dirigido a la llamada “capital del mundo” New York y sus estructura urbanística bajo la perspectiva de centro y periferia.
En términos generales el texto Richard Sennet es una historia de la vida cotidiana que atraviesa varios temas de importancia: el sexo, el cuerpo, los avances científicos, la vida mercantil, los inventos para satisfacer las necesidades de la sociedad, los encuadres urbanísticos, etc. Lo anterior involucrando la humanidad, desde la antigüedad hasta la era moderna en el marco de las ciudades y sus cambios, donde los seres humanos operan como ejes de encuentro y desencuentro. La investigación Carne y Piedra se lee bajo la premisa de la ciudad en función de las actividades que realizan y necesitan lo seres humanos en perspectiva histórica bajo innumerables ejemplos que posibilitan entender los avances y dificultades que el proceso de civilización ha tenido, y valorado para una mejor calidad de vida. Con el conocimiento adquirido al afrontar el texto, podemos entender la ciudad actual, nuestro espacio en la calle, el barrio y la ciudad, identificarnos con las transformaciones urbanas que podemos “esculcar” en diversos documentos e imágenes que tenemos a nuestra disposición para comparar y observar que tan trascendental han sido los cambios. La ciudad, quieta, viviente y transformada día a día, nos sumerge en su cotidianidad, raizales o llegados a su entorno, apropiamos su dinámicas caracterizadas en su clima, su seguridad e inseguridad, sus transportes, sus espacios de divertimento, los parques, las calles congestionadas y trastornadas, su población indiferente y cercana. Observadores de nuestro espacio urbanístico identificamos falencias y ventajas para sumergirnos en su entorno, para así vivir bajo el día y la noche sus encantos expuestos y escondidos, porque la ciudad se descubre día a día y en ella nos proyectamos.

Imagen: Reforma urbana de París, 1854-1870, de Georges-Eugène Haussmann.

El drenaje, un viaje al inframundo de la Ciudad de México

Las inundaciones y los socavones son la punta del iceberg para una metrópoli que libra desde hace siglos una batalla crónica contra el agua.

Julio César Cu Cámara, buzo del drenaje de la Ciudad de México. ÁNGEL PLASCENCIA

De repente todo se pone oscuro. El miedo se apodera del cuerpo de Julio César Cu Cámara, el único buzo de aguas negras de México y, probablemente, del mundo. Su vida pende de un hilo: un tubo controla el oxígeno que llega a su casco y un cable lo detiene de caer al abismo, en las profundidades del drenaje de la Ciudad de México. Cu apura el último cigarrillo antes de la inmersión. La plataforma desciende lentamente y él baja el ritmo de la respiración. Hay botellas de plástico, vidrios rotos, animales muertos, desechos humanos. Es lo que se ve en la superficie. Abajo la visibilidad es nula. “El trabajo es totalmente peligroso, pero me fascina, me gustan la adrenalina, la emoción, los retos difíciles”, afirma con una sonrisa pícara. Es otro día más en la “oficina”.

Neveras, microondas, autopartes y vehículos completos, restos de animales, troncos, fetos. Ante su casco ha pasado de todo. Lo imaginable y lo inimaginable. “Lo más desagradable, personas. Es una sensación que no te puedo describir”, hace una pausa y continúa: “Se mezclan muchos sentimientos, la responsabilidad de que tu labor sea bien hecha y el agradecimiento de los familiares cuando entregas el cuerpo”.

Cu no solo tuvo que aprender a lidiar con el miedo, sino con el asco. Le ofrecieron el puesto en agosto de 1983, después de certificarse como buzo comercial e industrial. “Trato de no pensar, me concentro en mi trabajo. Pienso mucho en mi seguridad, pero tengo mucha confianza en la gente que está arriba y me está cuidando. Pienso en mi familia y en mí, y espero que todo salga bien”, relata.

El plan era quedarse por tres meses, para integrarse a una unidad especial que da mantenimiento a la red de desagüe y atiende emergencias urbanas. Han pasado más de tres décadas y al rozar los 60 años no quiere dejarlo. “Cuando les digo que soy buzo, me dicen ‘¡qué padre!’, pero cuando les digo que soy buzo del drenaje, me responden que estoy loco, que qué hago ahí”, dice entre risas al pie de la planta 3 del Gran Canal, al oriente de la ciudad.

La tarea es titánica. Un buzo y tres ayudantes deben revisar más de 80 plantas de bombeo. Más las alcantarillas, los túneles y las operaciones de emergencia. La bitácora de Cu es un reflejo fiel de los últimos desastres hidrológicos de la ciudad, como la formación de un gigantesco socavón en la almendra central de la capital el pasado 31 de agosto y el desbordamiento del río San Buenaventura, al sur de la metrópoli, que dejó decenas de coches varados, así como avenidas y cientos de casas bajo el agua una semana más tarde.

Agua CDMX
Julio Cu se prepara para una inmersión. A. PLASCENCIA

Pocos conocen la red de desagüe como él y, aunque es mesurado en sus palabras, su diagnóstico es devastador. “Tiene que haber casi un cambio total de casi todo el drenaje. Es urgente. No será un trabajo que se lleve un año, tomará al menos 20 o 30 años”, sentencia. Cu identifica dos problemas principales: las cantidades inmensas de basura que genera la metrópoli y una infraestructura que padece lo embates de una mancha urbana que ha crecido a un ritmo vertiginoso e insostenible.

“La Ciudad de México ha librado durante siglos una batalla contra el agua, pero es una guerra destinada al fracaso”

ELENA BURNS

“La Ciudad de México ha librado durante siglos una batalla contra el agua, pero es una guerra destinada al fracaso”, señala Elena Burns, del colectivo Agua para todxs. Concebida en una cuenca cerrada sobre cinco lagos planos e impermeables, la capital ha hecho esfuerzos sobrehumanos para desahogar las presiones hídricas desde el reinado de Nezahualcóyotl en el siglo XV hasta ahora, alertan los especialistas.

La columna vertebral del desagüe capitalino depende de cuatro sistemas. El tajo de Nochistongo, la primera salida artificial de agua de la urbe, se inauguró en 1789. La segunda red fue la primera etapa del Gran Canal y se terminó en 1900, bajo el Gobierno del autócrata Porfirio Díaz. La segunda etapa de esa obra ha estado en uso desde 1954. Las obras del drenaje profundo, el más eficiente al funcionar casi en su totalidad por gravedad, concluyeron en 1975. “Una estructura hidráulica tiene, cuando mucho, una vida útil de 50 o 60 años y estamos hablando de que parte del drenaje ha operado más de 200 años”, advierte Agustín Breña, especialista de la Universidad Autónoma Metropolitana. “Esta ciudad está condenada a las inundaciones, el sistema ya no tiene capacidad y está completamente rebasado”, agrega Breña.

Inundación en Ciudad de México en 1905.
Inundación en Ciudad de México en 1905. CORTESÍA AGUSTÍN BREÑA

La megalópolis se hunde en arenas movedizas. Depende en un 70% de aguas subterráneas sobreexplotadas y cada vez más profundas (hasta 500 metros en el subsuelo) y solo extrae un 1% de los 35 ríos que desembocaban en la ciudad y que hoy están entubados o contaminados. La sobrexplotación ha provocado hundimientos, que han cambiado las pendientes de los colectores del drenaje y que han obligado a bombear las aguas pluviales y residuales, reduciendo la capacidad original de desagüe, explica Breña.

La presión y la falta de mantenimiento han provocado fisuras y las fugas se traducen en la superficie en grietas y socavones. Las zonas que no tienen agua durante el estiaje, son las que más se inundan en temporada de lluvias. “Hay una relación directa entre la inequidad en el acceso al agua y la vulnerabilidad a inundaciones“, apunta Teresa Gutiérrez, directora del Fondo para la Comunicación y la Educación ambiental.

Gutiérrez expone que a cada crisis hidrológica del agua en la ciudad ha seguido una megaobra. La nueva apuesta del Gobierno mexicano es el Túnel Emisor Oriente: “La obra de drenaje más importante en el mundo”, en palabras del director de la Comisión Nacional del Agua (Conagua), Roberto Ramírez. Es un proyecto transexenal, que inició en 2008 y mide 62 kilómetros por siete metros de diámetro, con la capacidad de manejar 150 metros cúbicos por segundo.

“Estamos hablando de que parte del drenaje ha operado más de 200 años”

AGUSTÍN BREÑA

Tenía un presupuesto inicial de 12.000 millones de pesos (más de 1.100 millones de dólares, al tipo de cambio de inicios de ese año). Después de que la inauguración se ha pospuesto varias veces, el costo se ha elevado a más de 32.000 millones de pesos según extitulares de la Conagua citados por el diario Excélsior y a más de 23.000 millones de pesos, según fuentes oficiales. Hay un avance del 80% en la obra, pero la fecha de conclusión sigue en el aire, con dudas de que se abra a mediados de 2018, antes de que termine el mandato del presidente, Enrique Peña Nieto.

Hay una relación directa entre la inequidad en el acceso al agua y la vulnerabilidad a inundaciones”

TERESA GUTIÉRREZ

Los especialistas son tajantes. El agua se asume aún como un problema y no como un recurso. La terquedad de ir contracorriente (literalmente) se mantiene pese a la vocación lacustre de la cuenca del Valle de México. Se padece la ausencia de incentivos políticos para coordinar esfuerzos entre los distintos órdenes de Gobierno. No se subsanan los rezagos en infraestructura. Se producen a diario cantidades gigantescas de basura que bloquean las alcantarillas. La corrupción permite construir proyectos inmobiliarios en los últimos reductos de las zonas de recarga del acuífero de la ciudad.

“Tenemos el cóctel más peligroso, con el cambio climático como la aceituna del martini”, alerta Gutiérrez y ofrece como muestra los estragos de los huracanes y las trombas de las últimas semanas, que son cada vez más comunes y más potentes. “La toma de decisiones es opaca, vertical, autoritaria y no se abre a procesos de participación ciudadana”, sostiene Burns. Pero son pocos los que alzan la voz en la ciudad de las inundaciones y los socavones. “El ser humano se adapta a todo, a no tener agua, a inundarse… ¿Cuántas manifestaciones hubo por las inundaciones? Cuando ocurre algo decimos ‘ay qué feo se inundó’ y nada más, no protestamos y con eso las autoridades se quedan muy contentas”, lamenta Breña.

Tomado de: https://elpais.com/internacional/2017/09/14/mexico/1505368319_222576.html?id_externo_rsoc=FB_CM

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Paraguay: cómo Asunción se convirtió en “madre” de más de 70 ciudades de Sudamérica hace 480 años

  • 15 agosto 2017
Mapa antiguo que muestra a Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Paraguay, Perú y Uruguay.Derechos de autor de la imagenISTOCKAsunción se convirtió en la capital de la llamada Provincia Gigante de Indias y desde allí se fundaron más de 70 ciudades.

“La civilización del Río de la Plata no es obra de Europa: fue una empresa netamente asuncena”.

La frase del escritor y expresidente paraguayo Natalicio González resume así parte de la historia del Cono Sur y uno de los temas que despiertan más orgullo en Asunción.

El fuerte fundado por españoles a orillas del río Paraguay hace 480 años se terminaría convirtiendo en la base de donde partieron las expediciones que establecieron más de 70 ciudades en Argentina, Bolivia, Brasil y, por supuesto, Paraguay.

Sin embargo, los historiadores coinciden en que esa campaña conquistadora no habría sido posible sin el consentimiento y protagonismo de los carios, la tribu guaraní que habitaba en ese territorio.

Es cierto que los españoles fueron los que dieron a la actual capital paraguaya el rimbombante nombre La Muy Noble y Leal Ciudad de Nuestra Señora Santa María de la Asunción.

Pero fue el mestizaje único que se originó en ese lugar el que luego le otorgaría el no menos grandilocuente apodo “madre de ciudades”.

Plan “B”

“Asunción fue el centro de la conquista en el Río de la Plata porque se consideró esta vía como el camino natural para el acceso a Perú“, explicó a BBC Mundo Jorge Rubiani, arquitecto paraguayo y autor de varios libros sobre la historia del país.

Para acceder de forma más rápida y segura a la rumoreada riqueza del imperio Inca, los españoles fundaron Buenos Aires en 1536. Sin embargo, poco duraron en este punto estratégico del Río de la Plata.

Estatua de Juan de Salazar y Espinoza.El explorador español Juan de Salazar y Espinoza fundó Asunción hace 480 años.

Asolados por los “hostiles indígenas de la comarca” y por la hambruna provocada porque “ni siquiera podían cultivar las tierras del entorno” sin ser agredidos, los españoles navegaron hacia el norte en busca de otro lugar donde instalarse, contó Rubiani.

Fue entonces que el 15 de agosto de 1537 el explorador español Juan de Salazar y Espinoza fundó Asunción, que se convertiría en la capital de lo que se conoce como la provincia Gigante de las Indias y que iba del Amazonas hasta la Patagonia.

Ganar-ganar

Los carios, a diferencia de los indígenas que encontraron en la zona de Buenos Aires, eran “una de las etnias guaraníes más dóciles”, dijo Fabián Chamorro, gestor cultural e historiador paraguayo, a BBC Mundo.

Además, agregó, tenían algunas costumbres compartidas con los españoles, como la monogamia.

Asunción se presentaba también como “un punto equidistante entre los territorios a defender, para frenar la penetración portuguesa, y aquellos a explorar”.

Para los carios, por su parte, el pacto con los españoles ofrecía la posibilidad de disponer de una tecnología de guerra que ninguna otra tribu indígena podía superar.

Mujer en Asunción con la bandera de Paraguay.Derechos de autor de la imagenEPAAsunción fue fundada un 15 de agosto, día en que en el cristianismo se conmemora justamente la asunción de la virgen María.

“Fueron bien recibidos”, afirmó Chamorro, quien integra La Colmena, un prestigioso grupo de investigadores y escritores sobre la historia de Paraguay.

Pero los españoles y carios se convirtieron en mucho más que aliados.

“Cuando llegó el originario grupo instalado en Buenos Aires con las primeras mujeres europeas, tras 4 años de fundada Asunción, alrededor de 2.000 mesticitos ya correteaban por el caserío asunceno”, dijo Rubiani.

Y continuó: “Los españoles, más que conquistar, fueron ‘indianizados’ por los guaraníes“.

Sus “hijos”

Cuando la ilusión de las riquezas de Perú se disipó, el sentido de Asunción cambió.

“Los mestizos se hicieron dueños de la situación; en ellos se unieron el instinto imperial de los españoles con el sueño autóctono de la hegemonía guaraní”, escribió González, según cita el diario ABC de Paraguay.

Barco a orillas de Asunción.Derechos de autor de la imagenGETTY IMAGESEl río Pilcomayo desemboca en el río Paraguay justo frente a Asunción.

Según González, en el “transcurso de tres siglos y medio, el esfuerzo asunceno dio origen a más de 70 ciudades”, que se extendieron “desde la desembocadura del Plata hasta las remotas riberas del (río) Guapay”, en Bolivia.

Entre las ciudades fundadas se destacan Santa Cruz de la Sierra (1561), que con 1,4 millones de habitantes es hoy una de las dos urbes más pobladas de Bolivia, así como también Córdoba (1573), Santa Fe (1573) y Corrientes (1588), que son actualmente las capitales de tres provincias de Argentina y tienen 1,4 millones, 650.000 y 350.000 habitantes, respectivamente.

También desde Asunción partió la que sería la segunda y definitiva fundación de Buenos Aires, en 1580. Este hito fue el principio del fin para la gloria de los asuncenos.

La decadencia

En 1617, por razones de gobernabilidad, defensa y comercio, aquel vasto territorio fue dividido en la provincia del Río de la Plata, con Buenos Aires como capital, y la provincia del Guairá, de la cual Asunción pasaba a ser la capital.

“La falta de interés de la corona española en la provincia ‘original y secular’ hizo que fuera perdiendo territorios y hasta la costa del mar”, dijo Rubiani.

“La madre de ciudades”

Ciudades que surgieron tras la fundación de Asunción.

Asunción

1537

  • Santa Cruz de la Sierra 1561
  • Córdoba 1573
  • Santa Fe 1573
  • Corrientes 1588
Getty Images

Pero las peores consecuencias de esta división llegarían en 1865 con la Guerra de la Triple Alianza o Guerra Grande, cuando Brasil, Argentina y Uruguay se unieron para enfrentarse a Paraguay.

En los 5 años que duró el conflicto armado, más de la mitad de la población paraguaya murió, de los cuales el 80% eran hombres.

“Fue una guerra nefasta”, dijo Chamorro. “Paraguay demoró décadas en volver a levantar la cabeza”.

Por eso Asunción no tiene “grandes edificaciones como Buenos Aires o Montevideo”.

Sin el auge migratorio y profundo proceso de modernización que experimentaron estas dos ciudades entre fines del siglo XIX y la primera mitad del XX, Asunción no alcanzó “el mismo potencial arquitectónico” que caracteriza a las capitales de Argentina y Uruguay, explicó Chamorro.

Asunción vista desde la Plaza de la Democracia.“En Asunción prácticamente no quedan edificaciones de la época colonial”, afirmó Chamorro.

Actualmente la capital paraguaya tiene más de 520.000 habitantes, a los que se suman otros 2 millones que se desplazan hasta allí todos los días para trabajar.

480 años después

Este martes las actividades para conmemorar el aniversario de la fundación de Asunción son escasas, afirmó Chamorro.

“El Paraguay tiene flaca memoria”, dijo el gestor cultural. “Y eso pone en riesgo el patrimonio histórico que existe”.

Sin embargo, tanto Chamorro como Rubiani coincidieron en que el principal legado de lo que fue la “madre de ciudades” no está en el orgullo de saberse conquistadores, sino en la lengua guaraní.

Según Chamorro, “en otros países de América del Sur también se hablan lenguas indígenas, pero dividido por regiones”.

En Paraguay hablamos guaraní no como segunda lengua, sino como lengua oficial. Esa es la mayor herencia”.”La civilización del Río de la Plata no es obra de Europa: fue una empresa netamente asuncena”.

Turismofobia, ciudades de alquiler

El turismo ha dejado de ser un maná incontestable. Si antaño la población autóctona recibía con los brazos abiertos a los visitantes al inicio de la temporada, ahora temen su llegada. De Palma de Mallorca a Barcelona, los turistas se han convertido en las molestas especies invasoras ‘culpables’ de la masificación y los precios abusivos. Ha nacido la turismofobia.

LOS INCESANTES aterrizajes y despegues del aeropuerto de Son San Juan, los aviones sobrevuelan grandes manchas oscuras, como de tierra quemada, que a vista de pájaro se revelan conglomerados de vehículos de alquiler, unos 90.000, puestos a disposición del turista. Y si llega a Palma de Mallorca por mar en una embarcación que no posea la colosal altura de los cruceros, el viajero se topará con el espeso bosque de mástiles que taponan la vista de la ciudad. Entre el 1 de abril y el 1 de noviembre, lo que dura aquí la temporada, Baleares exhibe con exultante frecuencia la vitola de “completo” pese a sus 600.000 plazas turísticas, 24.000 amarres y 1.500 vuelos diarios. El archipiélago es una fiesta continua que las halagüeñas expectativas de ocupación no han dejado de cebar. Récord sobre récord, todo el mundo da por supuesto que este agosto se alcanzará la ecuación: 1,1 millones de población autóctona, 1,1 millones de visitantes. La pregunta es si estamos verdaderamente de enhorabuena.

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Joan Moranta, Angélica Guzmán, Manel Domènech y Pere Perelló, integrantes de la plataforma mallorquina Ciutat per a qui L’Habita. FEDE SERRA

Mientras unos se frotan las manos, otros se las echan a la cabeza. “Antes, había un turismo amable y convivíamos a gusto con él. Ahora, el verano no apetece, se vive con resignación. Estamos sufriendo una pérdida brutal de calidad de vida”, afirma Neus Prats, 48 años, portavoz delGrup d’Estudis de la Naturalesa (GEN-GOB) de Ibiza. En contraste con el recuerdo nostálgico, idealizado, quizás, de un pasado pleno de visitantes ilustres: intelectuales, artistas, famosos y gentes adineradas, la avalancha actual y el fenómeno creciente de los pisos turísticos de alquiler está colmatando el modelo de monocultivo del turismo de masas. La primitiva complacencia ciudadana se resquebraja, particularmente en ciudades y espacios limitados o sometidas con anterioridad a la presión visitante intensiva.

EN BALEARES CREEN QUE, POR PRIMERA VEZ, ESTE AGOSTO LOS TURISTAS IGUALARÁN A LOS LOCALES

Este verano, las alarmas ciudadanas y políticas suenan con fuerza mayor en varios puntos de España a la vista de que la emergencia habitacional está haciendo saltar las costuras sociales y políticas. Aunque el fenómeno tiene su exponente más avanzado en Ibiza, Barcelona y Palma, el problema es común al conjunto del archipiélago balear y a otras ciudades españolas. Ibiza ofrece, en efecto, un escandaloso muestrario de situaciones límite producidas por la recurrente y cronificada escasez de vivienda veraniega. Faltan médicos, radiólogos, anestesistas, enfermeros, policías y bomberos para atender a una población multiplicada por dos porque, pese a los esfuerzos por habilitar instalaciones sanitarias, docentes y militares, no hay alojamientos disponibles o Sigue leyendo

Entrevista con David Harvey

La ciudad, flujos de capital y organización de base. Una conversación con David Harvey.

Harvey_2Entrevista: Karina Raña
Edición: José Mansilla
Fotografía: Andrés Gómez Tarazona

David Harvey estuvo de visita en Suecia para dar una charla titulada “Visualizando el capital”. La Universidad de Uppsala, que fue esta vez su anfitriona, no es un destino ajeno al geógrafo británico radicado en Estados Unidos. Por el contrario, el profesor fue investigador posdoctoral de dicha Universidad en los años 60 y aún conserva amistades de aquella época. Su disertación se produjo en una sala repleta de estudiantes, profesores, activistas e interesados en general en el contexto de las charlas anuales que organiza el Instituto de Investigación Urbana y de la Vivienda (IBF, por sus siglas en sueco). Aprovechando tal ocasión, hablamos con él de todo un poco.

¿Cómo te identificas más, como geógrafo o como un personaje público?

Bueno, yo soy un profesor, me gusta enseñar incluso si la audiencia no ha tenido la fortuna de obtener acceso a la educación. Por eso me gusta escribir y hablar de una forma en que, pienso, es accesible para todos sin importar si el público está compuesto de geógrafos o no. Lo que intento hacer es mostrar cosas que se encuentran a nuestro alrededor. Por supuesto que el mundo es un sitio bastante geográfico y, por lo tanto, no hay forma en que pueda decir cosas sin referirme a esto. Por ejemplo, la forma en que las ciudades están organizadas, cómo se produce en ellas la segregación o por qué hay partes en la ciudad en donde la gente pareciera vivir extremadamente mejor que otras zonas de esa misma urbe. Por qué ciertas partes de la ciudad tienen mejores accesos a servicios públicos mientras otras se quedan atrás. Al mismo tiempo, intento hablar sobre cómo la inequidad se produce y se reproduce a través del sistema social en que el vivimos, que es el capitalismo.

¿Cómo nos deshacemos del capitalismo?

El capitalismo es una forma de producción, distribución y consumo muy bien organizada. No se puede pensar en el fin del capitalismo como un proyecto que incluya una suerte de evento revolucionario catastrófico, lo cual ha sido la fantasía del pensamiento anticapitalista. A lo que me refiero es que, considerando que al capitalismo le ha tomado al menos un par de cientos de años emerger desde el feudalismo, acabar con este tomará también un largo proceso de transición. El elemento fundacional del capitalismo es la mercancía y aún existen cosas que no han sido mercantilizadas, a pesar de que estamos en una etapa en donde lo que no es mercancía, ha terminado siéndolo. Entonces, lo que se necesita es una política que consista en devolver cosas que han sido incorporadas al Sigue leyendo

“El espacio: producto social y valor de uso”: Henri Lefebvre

Introducción: Henri Lefebvre: un ‘programa común’ hacia un espacio socialista, por Pedro Jiménez Pacheco

En Francia entre los años 1972 y 1977, los partidos de la izquierda institucional (Partido Comunista Francés, Partido Socialista y Movimientos Radicales de Izquierda) finalmente llegaron, no sin dificultad, a unirse en la Union de la gauche con el objetivo de desarrollar un ‘programa común’ para la conquista electoral del poder en una perspectiva de ‘transición al socialismo’. Dentro de este marco, al no existir un análisis serio y profundo sobre la especificidad de la dimensión espacial de la dominación capitalista, y casi nada de lo que podría o debería ser un ‘espacio socialista’, esta sería una nueva oportunidad para que Lefebvre se detenga a llenar esta deficiencia teórica. Así pues, en el año 1976, participó en muchos debates dentro y fuera de los partidos de la Unión de la Izquierda. Uno de ellos, en torno a la pregunta ‘¿Hay alguna teoría socialista del espacio?’ Este coloquio merece la atención de Lefebvre para intentar resumir el progreso de su reflexión teórica y política del espacio (Garnier, 2010). Dicho congreso será difundido el mismo año en una edición especial de La nouvelle revue socialiste, titulada Le renouveau socialiste et l’unité de la gauche[i]. Tres años más tarde, en 1979, el joven profesor J. W. Freiberg del Departamento de Sociología de la Universidad de Boston, publicará la conferencia de Lefebvre en su libro Critical Sociology: European Perspectives[ii], una recopilación de las conferencias recogidas durante cinco veranos consecutivos, en seminarios intensivos con diez académicos europeos[iii]. Además, en los años académicos regulares, Freiberg dio la bienvenida al inglés Michael Mann, al canadiense John O’Neill, al español Vicente Navarro, al suizo-alemán Urs Jaeggi, al egipcio Anouar Abdel-Malek, y en particular al francés Henri Lefebvre, que mantuvo a sus oyentes fascinados con una semana de espléndidas conferencias (Freiberg, 2000). Una de ellas, L’espace: produit social et valeur d’usage, se tradujo al inglés y fue reproducida en el libro de Freiberg.

Jean Pierre Garnier[iv] nos recuerda la importancia y la claridad del discurso de Lefebvre en la construcción de ese programa común de transición hacia el socialismo en Francia durante los años 70. En primer lugar, se  propone volver a la posesión y gestión colectiva del espacio como estrategia fundamental en la transformación social, añadiendo a esto su producción social, así como también, el desvelamiento y crítica radical del espacio capitalista, dejando ver sus funciones y contradicciones en el camino hacia un colapso generalizado del espacio, en el que los movimientos de base en el mundo empiezan a desafiar a la dominación de lo económico sobre el espacio social y su valor de uso. Lefebvre plantea la reinvención de dichos movimientos, su reorganización fuera del lugar de trabajo, su re-dimensionamiento, y futuras luchas en el espacio como movimientos de usuarios, sin aniquilar la lucha de clases. Introduce la categoría del tiempo vivido en el espacio, como valor de uso fundamental, cercenado y reducido por la modernidad al tiempo lineal de supremacía de lo económico.

Esta re-invención de los movimientos de base supone una de las claves de esta izquierda unida para llevar a las masas a encontrar nuevas expresiones y un idioma común, que normalmente topan con unos límites política y estratégicamente estrechos. En este sentido se considera que la posición de Lefebvre fue inequívoca al anunciar el rol de esta nueva izquierda como organizadora de la lucha de clases en el espacio, de manera opuesta a su pacificación y estabilización, tal como lo hizo la izquierda institucional una vez llegada al gobierno (Garnier, 2010). Así, el discurso de Lefebvre fluye a raíz de su innovación teórica sobre la producción del espacio social y el análisis para descifrar el espacio capitalista, hacia un claro posicionamiento de la idea de que una sociedad que se está transformando dentro del socialismo no puede aceptar (incluso durante el período de transición) al espacio que ya es producido por el capitalismo; y, que esta sociedad ‘diferente’ inventa, crea, produce nuevas formas de espacio, pero existen unas relaciones de propiedad y otras relaciones sociales de producción que están bloqueando esas posibilidades.

Debido a la coyuntura política entre espontánea y partidista, Lefebvre hace un aporte al allanamiento del camino de transición (pacífica) al socialismo, dedicando la segunda parte de su discurso al ‘espacio socialista’ y su situación dentro de las oportunidades y los obstáculos para sustituir al espacio capitalista. Sin adelantar demasiado los aportes lefebvrianos, está claro que el acercamiento que hace al espacio socialista es más un soporte teórico organizativo, que una lanza de insumos programáticos u operativos. El despliegue y fluidez del contenido del discurso, sin embargo, es de una concreción inédita en las obras y artículos de Lefebvre. Su análisis, obliga a detenerse en algunos detalles que se resuelven adecuadamente en su teoría unitaria del espacio social.

El Espacio: Producto social  y valor de uso, Henri Lefebvre

“Cambiar la vida”, “cambiar la sociedad”, estas frases no significan nada si no existe la producción de un espacio apropiado.

“Producir el espacio”, estas palabras son sorprendentes: la producción del espacio, en concepto y en realidad, ha aparecido sólo recientemente, sobre todo, en la explosión de la ciudad histórica, la urbanización general de la sociedad, los problemas de la organización espacial, etc. Hoy en día, el análisis de la producción muestra que hemos pasado de la producción de cosas en el espacio a la producción del espacio mismo.

Este paso de la producción en el espacio a la producción del espacio ocurrió debido al crecimiento de propias fuerzas productivas y por la intervención directa del conocimiento en la producción material. Este conocimiento se convierte eventualmente en conocimiento sobre el espacio, información sobre la totalidad del espacio. La producción en el espacio no está desapareciendo, pero está orientada de una forma diferente. Uno puede hablar de una economía de flujos: el flujo de la energía, el flujo de las materias primas, el flujo del trabajo, el flujo de la información, etc. Las unidades de producción industrial y agrícola ya no son independientes y aisladas.

De esto se desprende una importante consecuencia: La planificación de la economía moderna tiende a convertirse en la planificación del espacio. El urbanismo y el manejo territorial son solo elementos de esta planificación espacial, los efectos de la misma se sienten por todas partes, aunque este ha sido particularmente el caso de Francia.

El espacio es social: se trata de la asignación de lugares más o menos apropiados para las relaciones sociales de reproducción, es decir, las relaciones bio-fisiológicas entre los sexos, las edades, la organización específica de la familia, y para las relaciones de producción, es decir, la división del trabajo y su organización.

El pasado ha dejado sus marcas, sus inscripciones, pero el espacio es siempre un espacio presente, una totalidad actual, con sus enlaces y conexiones para la acción. De hecho, la producción y el producto son lados inseparables de un proceso.

El espacio social no se explica por la naturaleza (el clima y la topología), la historia, o la cultura. Además, las fuerzas productivas no constituyen un espacio o un tiempo. Mediaciones y mediadores se interponen entre ellos: con sus razones derivadas del conocimiento, de la ideología, del sistema de significados.

Es el espacio una relación social? Sí, sin duda, pero es inherente a la relación de propiedad (el propietario de la tierra, en particular), también está vinculado a las fuerzas productivas que dan forma a esta tierra. El espacio está impregnado de relaciones sociales; no sólo es sostenido por las relaciones sociales, sino que también está produciendo y es producido por las relaciones sociales.

El espacio tiene su propia realidad en los actuales modo de producción y sociedad con las mismas demandas y en el mismo proceso global de materias primas, dinero y capital.

El espacio natural se ha ido irreversiblemente. Y aunque permanece, por supuesto, como el origen del proceso social, la naturaleza se reduce ahora a los materiales en los que operan las fuerzas productivas de la sociedad.

Cada sociedad nace en el marco de un modo de producción dado, con las peculiaridades inherentes a este marco, moldeando su espacio. La práctica espacial define su espacio, lo plantea y lo presupone en una interacción dialéctica.

El espacio social, pues, siempre ha sido un producto social, pero esto no fue reconocido. Las sociedades pensaban que recibieron y transmitieron el espacio natural. Todo el espacio social tiene una historia que comienza a partir de esta base natural: en efecto, la naturaleza está siempre y en todo lugar caracterizada por particularidades (climas, topologías, etc.).

Pero si hay una historia del espacio, si hay una especificidad del espacio de acuerdo a los períodos, las sociedades, los modos y relaciones de producción, entonces hay un espacio del capitalismo, es decir, de la sociedad administrada y dominada por la burguesía.

EL ESPACIO CAPITALISTA

El capitalismo y neocapitalismo han producido un espacio abstracto, que es el reflejo del mundo de los negocios en los niveles nacional e internacional, así como, del poder del dinero y la política del Estado. Este espacio abstracto depende de vastas redes de bancos, empresas y grandes centros de producción. También existe la intervención espacial de autopistas, aeropuertos y redes de información. En este espacio, la cuna de la acumulación, el lugar de la riqueza, el sujeto de la historia, el centro del espacio histórico, –en otras palabras, la ciudad– ha estallado.

El espacio como un todo entra en el modo modernizado de producción capitalista: se lo utiliza para producir plusvalía. El suelo, el subsuelo, el aire, e incluso la luz son parte de ambos, las fuerzas productivas y los productos. La fábrica urbana, con sus múltiples redes de comunicación e intercambio, es parte de los medios de producción. La ciudad y sus diversas instalaciones (puertos, estaciones de tren, etc.) son parte del capital.

El espacio abstracto revela sus capacidades opresivas y represivas en relación con el tiempo. Rechaza el tiempo como una abstracción (excepto cuando se trata del trabajo, del productor de las cosas y de la plusvalía). El tiempo se reduce a las limitaciones del espacio: horarios, carreras, travesías, cargas.

Las diferentes funciones del espacio capitalista

Medio de producción

El espacio es un medio de producción: la red de intercambios y los flujos de materias primas y energía que conforman el espacio también son determinados por el espacio. Los medios de producción, un producto en si mismos, no se pueden separar de las fuerzas de producción, técnicas y conocimiento, de la división internacional del trabajo, de la naturaleza, o del Estado y otras superestructuras.

La ciudad, el espacio urbano y la realidad urbana no pueden ser concebidos simplemente como la suma de lugares de consumo de bienes (mercancías) y los lugares de producción (empresas).

La disposición espacial de una ciudad, una región, una nación o un continente incrementa las fuerzas productivas, al igual que lo hacen los equipos y máquinas en una fábrica o en una empresa, pero en otro nivel. Uno utiliza el espacio tal y como se utiliza una máquina.

Un objeto de consumo

El espacio como un todo es consumido para la producción del mismo modo que lo son edificios industriales y sitios, máquinas, materias primas y la fuerza de trabajo.

Cuando nosotros vamos a las montañas o a la playa, consumimos un espacio. Cuando los habitantes de la Europa industrializada descienden al Mediterráneo, el cual se ha convertido en su espacio de ocio, ellos pasan del espacio de producción al consumo del espacio.

Un instrumento político

El Estado utiliza el espacio de tal manera que garantice su control de los lugares, su jerarquía estricta, la homogeneidad total y la segregación de las partes. Es por tanto un espacio administrativamente controlado e incluso un espacio vigilado. La jerarquía de los espacios corresponde a la de las clases sociales, y si existen guetos para todas las clases, los de la clase obrera son simplemente más aislados que los de las otras clases.

La intervención de la lucha de clases

La lucha de clases interviene en la producción del espacio, hoy más que nunca. Sólo el conflicto de clases puede evitar que el espacio abstracto se auto-propague por todo el planeta y, por tanto, pueda borrar todas las diferencias espaciales. Sólo la acción de clase puede producir diferencias que se opongan a lo interior del crecimiento económico, a saber, la estrategia, la lógica, y el sistema.

Debido a esto, en el actual modo de producción, el espacio social está considerado entre las fuerzas productivas y los medios de producción, entre las relaciones sociales de producción y su reproducción especialmente.

La historia emerge a nivel mundial, y por tanto produce un espacio en este nivel: La formación de un mercado mundial, una generalización internacional del estado y sus problemas, nuevas relaciones entre sociedad y espacio. El espacio mundial es el campo en el que nuestra época es creada.

Con este espacio mundial, y con las nuevas contradicciones se borran viejas contradicciones, nuevos agravantes aparecerán; por ejemplo, las relaciones internacionales entre los estados y sus estrategias de confrontación.

Las contradicciones del espacio capitalista

Este espacio producido por el capitalismo y por el Estado tiene sus propias contradicciones.

La contradicción mayor

La mayor contradicción del espacio surge de la pulverización del espacio por la propiedad privada, la demanda de fragmentos intercambiables, y por la capacidad científica y técnica (informacional) de tratar al espacio en aún más vastos niveles. La contradicción “centro/periferia” resulta de la contradicción “global/parcial”, puesto que todas las construcciones globales llevaron a la creación de una centralidad concentrada.

Un espacio orientado hacia lo reproducible

Orientada hacia la reproducción de las relaciones sociales de producción, la producción del espacio promulga una lógica de homogeneidad y una estrategia de lo repetitivo. Pero este espacio burocrático está en conflicto con sus propias condiciones y con sus propio resultados. Cuando el espacio es de esta naturaleza, ocupado, controlado, orientado hacia lo reproducible, pronto se ve a si mismo rodeado de lo no-reproducible: la naturaleza, el sitio, lo local, lo regional, lo nacional, incluso el nivel mundial.

La actividad de la base, discontinua, múltiple, pronto se propone el retorno al espacio pre-capitalista. A veces propone un contra-espacio, que empuja hacia la explosión de todos los espacios organizados por la racionalidad estado-burocrático.

…Y la negación de las diferencias.

Este espacio abstracto formal y cuantificado niega todas las diferencias, las que provienen de la naturaleza y la historia, así como las que vienen desde el cuerpo, edades, sexos y etnias. La importancia de estos factores disimula y estalla el propio funcionamiento del capitalismo. El espacio dominante, de los centros de riqueza y poder, se ve obligado a moldear los espacios dominados, los de la periferia.

En el espacio del neo-capitalismo, la economía y la política tienden a converger, sin que, sin embargo, lo político domine lo económico. Por tanto, los conflictos se manifiestan entre el estado hegemónico –que aún no es dueño de las cosas– y los dueños de estas cosas.

La explosión generalizada del espacio

Debido a estas contradicciones, nos encontramos ante un extraordinario, pero poco conocido fenómeno: la explosión de espacios. Ni el capitalismo, ni el Estado pueden mantener el espacio caótico y contradictorio que han producido. Podemos ser testigos, en todos los niveles, de esta explosión del espacio:

  • En el nivel de lo inmediato y lo vivido, el espacio está explotando por todos lados, ya sea el espacio habitable, el espacio personal, el espacio escolar, el espacio de la prisión, el espacio del ejército, o el espacio hospitalario. En todas partes, las personas se están dando cuenta de que las relaciones espaciales son también las relaciones sociales.
  • Al nivel de las ciudades, no sólo vemos la explosión de la ciudad histórica sino también la de todos los marcos administrativos en los que hubieran querido encerrar el fenómeno urbano.
  • Al nivel de las regiones, las periferias están luchando por su autonomía o cierto grado de independencia. Comprometen acciones que desafían su subordinación a la centralización estatal, económica y política.
  • Finalmente, en el nivel internacional, no sólo las acciones de las denominadas empresas supranacionales, sino también las de las grandes estrategias mundiales, se preparan y hacen inevitable la nueva explosión del espacio. El Mediterráneo es un excelente ejemplo, porque si se ha convertido en un espacio estratégico, es sólo después de la acumulación de muchos factores. Esta red, que contenía las relaciones comerciales más antiguas del mundo, lo cual nos dio nuestras grandes ciudades y puertos, recientemente ha sido transformada por completo en un espacio de ocio para la Europa industrial. Y más recientemente, este espacio ha sido atravesado por el flujo de energía y materias primas. Por último, ha sido un espacio casi sobre-industrializado con enormes complejos instalados en su periferia, no sólo en Fos, sino también en Sagunto y en Taranto (Francia, Italia y España). Estos fenómenos representan alteraciones extraordinarias del espacio y nos permiten estudiar los problemas ya planteados por las transformaciones del espacio contemporáneo.

Movimientos sociales que cuestionan el uso del espacio

En todos los países industrializados, existe un movimiento muy antiguo que proviene de las demandas relativas al trabajo, las empresas y los lugares de trabajo; no obstante, parece que los movimientos actuales están surgiendo a nivel mundial, y aunque todavía estén divididos, incompletos, y en gran parte inconscientes de sí mismos, se requiere una reorganización del espacio fuera de los lugares de trabajo.

Estos son los movimientos de consumidores. En los Estados Unidos son muy frecuentes, numerosos, y más o menos cuestionan el uso del espacio. Ellos revelan que:

  • El espacio no es únicamente un asunto económico, en el cual todas las partes son intercambiables y tienen valor de cambio.
  • El espacio no es más que un instrumento político para la homogeneización de todos los sectores de la sociedad.
  • El espacio sigue siendo un modelo, un prototipo perpetuo del valor de uso resistiendo a las generalizaciones del intercambio y valor de cambio en una economía capitalista bajo la autoridad de un estado de homogeneización.
  • El espacio es un valor de uso, pero más aún es tiempo, con el cual está íntimamente vinculado, porque el tiempo es nuestra vida, nuestro valor de uso fundamental. El tiempo ha desaparecido en el espacio social de la modernidad. El tiempo vivido pierde la forma y el interés social a excepción del tiempo de trabajo. El espacio económico subordina al tiempo, mientras que el espacio político lo erradica, ya que está amenazando a las relaciones de poder existentes. La primacía de lo económico, y aún más, de lo político, conduce a la supremacía del espacio a través del tiempo.

Uno de los puntos más importantes para el poder de la izquierda es el apoyo a los movimientos de consumidores que aún no han encontrado su voz y están muy a menudo encerrados en esos marcos estrechos a los cuales el significado político de sus acciones se les escapa.

Por tanto, una de las funciones políticas de la izquierda es usar la lucha de clases en el espacio.

HACIA UN ESPACIO SOCIALISTA

Al igual que las sociedades que la precedieron, la sociedad socialista debe producir su espacio, pero con plena conciencia de sus conceptos y potenciales problemas.

En la actualidad es popular decir que el marxismo es anticuado, que es menos relevante para la historia. Sin embargo, es precisamente hoy, más que nunca, que no podemos analizar los fenómenos del mundo excepto a la luz de las categorías fundamentales del marxismo, estando dispuestos a modificarlas para situaciones específicas.

A pesar de que el espacio no se analiza en ‘El capital’, ciertos conceptos, como el valor de cambio y valor de uso, en la actualidad se aplican al espacio. En la actualidad, debemos utilizar la distinción, que Marx no introdujo, entre la dominación y la apropiación de la naturaleza. Este conflicto se despliega en el espacio: en espacios dominados y espacios apropiados. Aún más que en la época de Marx, la naturaleza es la fuente de todo valor de uso.

¿Deberíamos socializar el espacio? Por supuesto que no: porque ya está socializado en el marco de la sociedad y el modo de producción existente. Una sociedad que se está transformando dentro del socialismo no puede aceptar (incluso durante el período de transición) al espacio que ya es producido por el capitalismo. Hacerlo significa aceptar las estructuras políticas y sociales existentes; que sólo conducen a un callejón sin salida. Aceptando la reproducción de las relaciones de producción: que al final, son las mismas, y sin embargo, estarían jerarquizadas y controladas, sería reflejar todavía la antigua jerarquía social.

Una sociedad “diferente” inventa, crea, produce nuevas formas de espacio, pero las relaciones de propiedad y producción ahora bloquean estas posibilidades. Algunos quieren el socialismo en los países industrializados para continuar con el crecimiento y la acumulación, es decir, con la producción de las cosas en el espacio. Otros quieren romper este modo de producción. Pero las fuerzas productivas han cambiado enormemente, pasando de la producción de las cosas en el espacio a la producción del espacio; es necesario proceder entonces a las consecuencias finales de este salto cualitativo. Esto implica el proceso de crecimiento cuantitativo, no para romperlo, sino para dar rienda suelta a todo su potencial.

La producción del espacio socialista significa el fin de la propiedad privada y de la dominación política del espacio por parte del Estado, lo cual implica el paso de la dominación a la apropiación y la primacía del uso por encima del intercambio.

Por otra parte, el espacio capitalista y neo-capitalista es un espacio de cuantificación y homogeneidad en crecimiento, un espacio mercantilizado donde todos los elementos son cambiables y por tanto intercambiables; un espacio en el que la policía del estado no tolera ninguna resistencia ni obstáculos. El espacio económico y el espacio político, por tanto, convergen hacia la eliminación de todas las diferencias.

En la medida en que podamos concebirlo, dadas ciertas tendencias actuales, el espacio socialista será un espacio de diferencias.

El rol determinante de los movimientos sociales

Hay razones para creer que solamente la convergencia y la conjunción de los movimientos obreros y campesinos, vinculados a la producción de las cosas y el trabajo material y quienes utilizan el espacio, permitirán que el mundo cambie. Con respecto a la posesión y gestión del espacio, los movimientos sociales urbanos no tienen el carácter continuo y la promesa institucional de aquellos que provienen de las fábricas, unidades y sectores de la producción. Sin embargo, si la presión de la base (los consumidores) se produce con bastante fuerza, influirá en la producción en general hacia el espacio y hacia las necesidades sociales de esta base. La acción de esas partes interesadas determinaría las necesidades sociales, que entonces ya no serían determinadas por los “expertos”. Las nociones de equipo y entorno se liberarían por tanto de su contexto tecnocrático y capitalista. Sin embargo, la explosión espontánea de la “base” social, aunque revolucionaria y profunda, no sería suficiente para producir una definición adecuada, operacional, del espacio en la sociedad socialista. Sería, sin embargo, una parte integral de estas determinaciones. No obstante, la gestión del espacio social, al igual que la naturaleza, sólo puede ser colectiva y práctica, controlada por la base, es decir, democrática. Las partes “interesadas”, los “afectados”, intervendrían en el, lo administrarían y lo controlarían. Pero en primer lugar, llevarían hasta el fin la explosión de todo el espacio impuesto.

Una autogestión general

La reconstrucción del “menos a más” del espacio social, producido previamente desde el “más a menos”, implica la autogestión general, es decir, a varios niveles, complementando a la autogestión de las unidades e instancias de producción. Sólo de esta manera, la socialización de los medios de producción puede incluir la cuestión del espacio. Hacerlo de otra manera, para definir un ”espacio socialista” como el espacio natural o comunas que viven en un espacio privilegiado o en “conviviality”, es confundir el fin con los medios, el objetivo con las etapas; esto es, en otras palabras, el utopismo abstracto.

La producción en una sociedad socialista es definida por Marx como la producción para las necesidades sociales. Estas necesidades sociales, en gran medida, conciernen al espacio: vivienda, transporte, equipamientos, reorganización del espacio urbano, etc. Estas necesidades amplían la tendencia capitalista al producir el espacio mientras se modifican radicalmente los productos. Esto es lo que contribuye a la transformación de la vida cotidiana, a la definición de desarrollo más en lo social que en términos individuales, sin la exclusión de este último. El individuo en una sociedad socialista tiene derecho a un espacio, así como el derecho a la vida urbana como el centro de la vida social y las denominadas actividades culturales, etc.

El comienzo de esta transformación tiene que esperar a que el pensamiento, la imaginación, la creatividad, que a su vez dependen de la superación de la separación entre lo ”público” y lo ”privado”, por clarificación de la ilusión sobre lo social y lo colectivo cofundada con la “beneficencia pública”, etc.

Las políticas socialistas del espacio pueden resolver las contradicciones del espacio, tan sólo añadiendo a ellas las otras contradicciones económicas y sociales. Por supuesto, la presión de la base y la autogestión del espacio no pueden auto-limitarse a un reformismo.

El giro del mundo “nuevamente de pie”, según Marx, implica el vuelco de los espacios dominantes, colocando la apropiación sobre la dominación, la demanda sobre el mando, y el uso por encima del intercambio. La Autogestión se revela como los medios y el fin, una fase de la lucha y también su objetivo. En el espacio transformado, se puede y debe establecer una redefinición de las relaciones entre las actividades productivas y el retorno al mercado interior, orientada deliberadamente hacia las cuestiones del espacio. Es el espacio como un todo el que sería redefinido, y que provocaría una conversión y una subversión.

Una redefinición del espacio como una función del valor de uso. –¿Cómo están previstos estos procesos revolucionarios?

Si la situación actual no se reduce a una crisis económica, y en su lugar, llama a una modificación profunda de la sociedad y la civilización, todavía ofrece un punto de referencia desde el cual se puede iniciar la transformación. La modificación puede ser así definida: el espacio producido desde la perspectiva de la prioridad de los medios de intercambio y el transporte será producida a partir de la perspectiva de la prioridad del valor de uso. La revolución de los espacios implica y amplifica el concepto de revolución, definida como un cambio en la propiedad de los medios de producción. Se da una nueva dimensión a dicho concepto, a partir de la supresión de una particularmente peligrosa forma de la propiedad privada, la del espacio: subterráneo, espacio de suelo, espacio aéreo, espacio planetario, e incluso del espacio interplanetario.

Las denominadas fórmulas de transición –el control estatal de la tierra, nacionalizaciones, municipalizaciones– no han tenido éxito. Pero ¿cómo podemos limitar y suprimir la propiedad del espacio? Tal vez recordando los escritos de Marx y Engels: un día, en efecto vendrá, la propiedad privada de la tierra, de la naturaleza y sus recursos, lo que parecerá tan absurdo, tan odioso, tan ridículo como la posesión de un ser humano por otro.

Los problemas relacionados con la “contaminación del medio ambiente”, vistos por los ecologistas como primarios, son realmente importantes, pero son secundarios. En esta perspectiva, el problema real de la sociedad y su transformación se desvía hacia el naturalismo: tomemos, por ejemplo, el biologismo involucrado en el tratamiento del espacio humano como un espacio animal.

En conclusión, una transformación de la sociedad presupone la posesión y la gestión colectiva del espacio mediante una intervención permanente de las “partes interesadas”, a pesar de sus múltiples y a veces contradictorios intereses. Esta orientación tiende a superar las separaciones y disociaciones en el espacio entre una obra (única) y una mercancía (repetida).

Esta es una orientación. Nada más y nada menos. Pero señala un significado. A saber, algo que se percibe, una dirección es concebida, un movimiento vivo hace su camino hacia el horizonte. Pero todavía no es nada que se asemeje a un sistema.

Lefebvre, H. (1976). L’espace: produit social et valeur d’usage. En: La nouvelle revue socialiste, número especial.

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Traducción de  Pedro Jiménez Pacheco. Becario del Gobierno Ecuatoriano y candidato a Doctor en Teoría e Historia de la Arquitectura por la Universidad Politécnica de Cataluña en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Barcelona (ETSAB). La investigación doctoral del autor se centra en la actualización y profundización de la teoría radical del espacio social y crítica urbana de Henri Lefebvre y su aplicación en el estudio urbano de la ciudad de Barcelona en la era del gobierno de los comunes.

[i] Lefebvre, H. (1976). L’espace: produit social et valeur d’usage. En: La nouvelle revue socialiste, número especial.

[ii] Freiberg, J. W. (Edit.), (1979). Space, Social Product and Use Value. En: Critical Sociology: European Perspectives.

[iii] Los seminarios contaron con la asistencia de estudiantes graduados y jóvenes profesores de todo Estados Unidos. Entre los invitados estuvieron Alain Touraine de Francia y el italiano Franco Ferrarotti durante el primer verano; el inglés Anthony Giddens y el alemán Claus Offe durante el segundo; el español Manuel Castells y el griego Nicos Poulantzas durante el tercero; Ralph Miliband de Inglaterra y Hans Peter Dreitzel de Alemania durante el cuarto; y Göran Therborn de Suecia con Robin Blackburn de Inglaterra durante el quinto año (Freiberg, 1979).

[iv] Garnier, Jean-Pierre. (2010). Démocratie locale ou auto-gouvernement territorial? Discurso en el seminario “Hábitat y Sociedad”. Facultad de Geografía de la Universidad de Barcelona, 26 de noviembre, 2010.

La Ciudad de México se ahoga en la contingencia ambiental más larga desde 2000

contingencia ambiental

Las altas temperaturas, la radiación solar y la debilidad del viento prolongan el aviso por ozono hasta el sábado al menos

Una nata café cubre el cielo de la Ciudad de México. Lo tapa todo. Dibuja un aura tóxica sobre el icónico Ángel de la Independencia, se alza por encima de los rascacielos y esconde las montañas que custodian la capital. Se trata de la contingencia ambiental más larga desde 2000, ha durado cinco días y ha restringido esta semana la circulación de 4,5 millones de vehículos en el área metropolitana. El ozono no cede, apuntalado por las altas temperaturas, la radiación solar, la debilidad del viento y la ausencia de lluvia para dispersar los contaminantes. El aviso por contaminación se mantendrá para este sábado, ha advertido este viernes la Comisión Ambiental de la Megalópolis (CAME).

La contaminación se siente. Arden los ojos y pica la garganta. El ozono provoca además problemas cardiovasculares y afecta en particular a personas con asma o con problemas respiratorios y pulmonares. Se han registrado niveles de ozono de hasta 162 partes por millón y que dan cuenta de una muy mala calidad del aire en la escala del Índice Metropolitano de Calidad del Aire (Imeca).

Las autoridades reconocen que estaba previsto. Es la llamada “temporada de ozono”, un periodo entre febrero y mayo en el que las condiciones meteorológicas facilitan que el compuesto químico se asiente en el aire. Las medidas de contención han sido pertinentes, pero ya no tienen la efectividad de antes. El último episodio es el síntoma de un problema mayor de sostenibilidad en la Ciudad de México, con un parque vehicular de 5,5 millones de unidadesque crece a un ritmo mayor que la tasa de natalidad y el crecimiento desmesurado de la mancha urbana.

“El problema con la calidad del aire no es sólo crítico, sino crónico, la exposición prolongada a agentes contaminantes hace que algo que empieza como una cosa menor, sea en el largo plazo muy grave para el organismo”, afirmaba el científico de la Universidad de California Exequiel Ezcurra en febrero, antes de que se encendieran las alarmas. “Si no se toman las medidas necesarias, nos acercaremos poco a poco a un colapso civilizatorio”, agregaba el autor de De las chinampas a la megalópolis.

La CAME ha identificado que los automóviles son responsables de la tercera parte de las emisiones y ha enfocado su estrategia de combate a las restricciones a la circulación de ciertos vehículos. Los coches con terminación de matrícula non (1, 3, 5, 9) y con holograma de verificación dos, así como los que no cuenten con holograma y los que provengan de otros estados, no podrán transitar este sábado.

La saturación permanente ha alcanzado tal punto que el clamor en las calles de la capital es que ni el tráfico ni la contaminación han bajado tanto, pese a las restricciones. Otros habitantes, como los usuarios asiduos del transporte público, sí han resentido la migración de los ciudadanos motorizados al metrobús y al metro durante sus traslados.

Y es que la crisis ambiental no se puede entender sin la crisis de movilidad. El diagnóstico de los expertos no ha cambiado. En el cálculo de las autoridades, el costo político de aplicar medidas de fondo contra una población motorizada y sin alternativas de calidad aún es demasiado alto… y el lastre regresa y se sigue arrastrando por décadas.

¿Por qué los contaminantes que producimos en el Valle de México no se están dispersando? Ve nuestro video 👇